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jueves 26 noviembre 2020 | 05:59

Hay que educar a la población y enseñarles a leer los etiquetados

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En Argentina existe un sistema de etiquetado nutricional confuso, de difícil lectura y comprensión para la mayoría de los consumidores, lo que, sumado a la publicidad engañosa, hace que los consumidores se inclinen por un determinado producto sin saber que contiene.

El Gobierno nacional está a un paso de aprobar la ley del etiquetado frontal, en donde se establece que los productos tienen que tener en la cara principal del envase un sello de advertencia de forma octogonal, que informe al consumidor sobre el alto contenido de sodio, azúcares o grasas.

Los fabricantes o fraccionadores de alimentos estarán obligados a especificar valores máximos de calorías, azúcares totales, grasas saturadas y sodio en los productos.

Se prohibirá que la publicidad de los alimentos haga referencia a propiedades medicinales. Si algún producto llevara un sello de advertencia, no debe incluir dibujos animados ni elementos que llamen la atención de los más chicos.

Esta ley contribuiría en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad, una problemática que preocupa ya que según los últimos resultados de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), el 61,6% de la población tiene exceso de peso, un 36,2% tiene sobrepeso y un 25,4% obesidad.

Las ventajas de este etiquetado son: que brinda información clara y permite leer de manera práctica, lo que nos lleva a tomar la decisión de comprar o no un producto o reemplazarlo por otro.

Las desventajas están relacionadas a que no contempla el producto terminado y a los ingredientes de preparación, no menciona los aditivos alimentarios y solo indica lo negativo y no lo positivo de un producto.

Si comparamos otros países como Chile, donde desde 2016 se ha implementado la ley de etiquetado frontal, podemos observar que cuando el consumidor tiene disponible delante de sus ojos la información nutricional tiene más herramientas para elegir qué comprar.

Una vez que se implemente esta ley vamos a poder destacar aspectos positivos como la adecuación de muchos alimentos procesados a los requisitos de la ley, reduciendo los contenidos de grasas, azúcar y sal.

Es importante que a este cambio se lo acompañe con campañas y educación alimentaria para que toda la población conozca elecciones al comprar un producto. Muchos saben que existen nutrientes críticos que consumiéndolos en exceso tienen incidencia en enfermedades crónicas no transmisibles. Pero no cuentan con herramientas para detectar y saber si la calidad del producto que están adquiriendo es perjudicial para su salud o si la cantidad que consumen están dentro de los valores adecuados.

Si no educamos a la población desde enseñarles a leer un etiquetado nutricional, listado de ingredientes, aditivos alimentarios, hasta alimentarse en forma saludable, a pesar de que esta ley se apruebe, continuará la demanda por alimentos muy poco sanos, que lamentablemente son los que más consumimos los argentinos.

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