De la Rúa falleció esta mañana a los 81 años en el sanatorio Fleni sede Escobar, tras estar internado más de seis meses por el delicado estado de salud en el que se encontraba.

Nacido el 15 de septiembre de 1937 en una familia de clase media cordobesa, Fernando de la Rúa estudió en el Liceo Militar General Paz de la capital provincial y luego siguió la carrera de su padre, Antonio De la Rúa, en la Universidad Nacional de Córdoba, donde se recibió de abogado con medalla de oro a los 21 años.

Se especializó en derecho procesal, materia de dictó en las universidades de Córdoba, Buenos Aires y la Católica, en paralelo con su trabajo en diversos estudios, y obtuvo el doctorado con una tesis sobre el recurso de casación.

Afiliado radical desde joven, ocupó su primer cargo público durante la presidencia de su coprovinciano Arturo Illia, como asesor del ministro del Interior, Juan Palmero.

El “Laucha”, como le decían entonces por su flacura y carita pequeña, no volvió más a Córdoba y en 1969 casó en la porteña Iglesia del Pilar con Inés Pertiné Urien, hija de un general antiperonista y hermana de un aviador naval.

De ese enlace nacieron sus tres hijos: Antonio, Agustina y Fernando (“Aíto”), los dos varones de gravitante presencia en las decisiones políticas de su padre durante su presidencia y el primero, además, pareja durante una década de la megaestrella colombiana Shakira.

Inicio políticos.

La fortuna política del fallecido ex presidente nació en 1973, cuando buena parte de los votantes porteños pusieron en el sobre la boleta del joven delfín del líder radical Ricardo Balbín.

Pese a que el 11 de marzo de ese año la UCR había sufrido una derrota histórica ante el Frejuli, que llevó la fórmula Héctor J Cámpora-Solano Lima, en Capital Federal se votó de nuevo en abril solo por un senador, el tercero del distrito.

El Frejuli avasallante llevó a un extrapartidario, Marcelo Sánchez Sorondo, un nacionalista que terminó mordiendo el polvo de la derrota: De la Rúa llegó al 54,1 por ciento de los votos; aquellos días, Juan Domingo Perón, que vivía sus últimos días en el exilio, preparaba el retorno definitivo a la Argentina.

Dueño de casi un millón de votos propios en su debut electoral, único ganador radical en todo el país, entonces nació el apodo de «Chupete» (35 años) por su juventud dentro de la corriente balbinista.

El agradecimiento de Balbín fue llevar a De la Rúa de candidato a vice a la última elección presidencial de septiembre del 73, pero el radicalismo fue derrotado por Juan Domingo Perón, que había regresado definitivamente al país y fue electo presidente por tercera vez con el 64 por ciento de los votos.

De la Rúa mantuvo su banca en el Senado hasta el golpe militar del 24 de marzo de 1976, cuando ya se había convertido en heredero de «el Chino» Balbín en la Línea Nacional de la UCR.

En 1983 ingresó nuevamente como senador por la Ciudad de Buenos Aires al imponerse en los comicios que consagraron a Raúl Alfonsín como Presidente de la Nación. Concluyó su mandato en 1989. Tras lo cual ocupó una banca en Diputados ejerciendo la presidencia del bloque del radicalismo.

Su tercer período en el Senado fue entre los años 1993-1996. En esa ocasión su mandato se interrumpió para asumir como primer Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, luego de la reforma constitucional de 1994 que determinó la autonomía de la entonces Capital Federal.

Pese a su oposición al Pacto de Olivos, De la Rúa terminó beneficiándose con la reforma de la Constitución, puesto que la ciudad de Buenos Aires dejó de ser un municipio con un intendente elegido a dedo por el presidente de la Nación y se transformó en ciudad autónoma. Y en 1996, De la Rúa se transformó en el primer jefe de gobierno elegido por los porteños. Durante su gestión, se aprobó el Código de Convivencia Urbana, que eliminó los edictos policiales y reguló la oferta de sexo en la vía pública, y se le dio un importante impulso a la extensión de la red de subterráneos. También se inició el primer tramo de la red de bicisendas.

La carrera presidencial

Pero estaba claro que el objetivo político de De la Rúa era llegar a la presidencia de la Nación. Su herramienta fue la construcción de la Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación, integrada por la UCR y el Frente País Solidario (Frepaso), donde convivían sectores del peronismo disidentes de las políticas menemistas.

La Alianza UCR-Frepaso dirimió en 1999 la candidatura presidencial en una original elección interna abierta, en la que De la Rúa venció con el 62% de los votos a la postulante del Frepaso, la reconocida dirigente de derechos humanos Graciela Fernández Meijide. Para garantizar la unidad de la coalición, uno de los líderes frepasistas, Carlos «Chacho» Alvarez, quien cosechaba una elevada imagen positiva por su rebeldía ante el menemismo, fue el compañero de fórmula de De la Rúa.

Las elecciones presidenciales del 24 de octubre de 1999 fueron casi un trámite para la Alianza. La fórmula De la Rúa-Alvarez alcanzó el 48,5% de los votos contra el 38% del binomio peronista, integrado por Eduardo Duhalde y el cantante y exgobernador tucumano Ramón «Palito» Ortega. Tercero, con el 10% de los sufragios, terminó Domingo Cavallo, ministro de Economía de Menem y padre de la ley de convertibilidad, que permitió mantener durante una década la paridad de un peso por un dólar.

La campaña proselitista del candidato radical apuntó a que se percibiera un contraste entre la sobriedad de De la Rúa y la frivolidad del gobierno menemista. En un todavía recordado spot televisivo, ideado por el publicista Ramiro Agulla, De la Rúa expresaba la frase «Dicen que soy aburrido…», antes de diferenciarse de los escándalos de corrupción de la gestión de Menem. En otro spot, apuntaba a llevar tranquilidad en materia económica: «Conmigo, un peso, un dólar», decía, desmintiendo a quienes auguraban el fin de la convertibilidad y una devaluación gigantesca de nuestra moneda.

Pero lo cierto es que el esmero puesto de manifiesto en esa impecable campaña comunicacional terminó convirtiéndose en un búmeran para la gestión delarruista al poco tiempo de iniciada.

Dr. Fernando De La Rua |  Presidente de la Nación Argentina |  10 de diciembre 1999 – 20 de diciembre de 2001

 

El primer golpe político para la presidencia de De la Rúa fue la renuncia de su vicepresidente, Carlos «Chacho» Álvarez, en el año 2000, luego de que estallara un escándalo por supuestos sobornos pagados a senadores para que se aprobara una resistida ley de reforma laboral. Mientras el gobierno desechaba cualquier relación con esa cuestión, Álvarez pedía que se investigara a fondo y aseguraba que «para bailar el tango se necesitan dos», en referencia a que detrás de un legislador que pidiera coimas debía haber funcionarios del Poder Ejecutivo que las pagaran.

La dimisión de Álvarez constituyó el principio del fin de la coalición gobernante, aunque varios integrantes del Frepaso continuaron en el gobierno hasta el final de su gestión. Representó una dura señal de debilidad política, que el peronismo, agazapado para recuperar el poder, supo con el tiempo usufructuar.

El alejamiento de Álvarez significó también un una llaga para un Presidente que trataba de diferenciarse de su antecesor en virtud de su transparencia republicana.

Que De la Rúa fue esclavo de sus palabras en la campaña electoral también lo muestra el hecho de que quedó preso de una ley de convertibilidad que sólo existía en las formas. El déficit fiscal que heredó de Menem y que se financiaba con un elevado nivel de endeudamiento externo se combinó con un aumento de la recesión económica. El malhumor social se acrecentó a los pocos meses de iniciada la gestión delarruista, cuando su ministro de Economía, José Luis Machinea, impulsó cambios en el Impuesto a las Ganancias que, a partir de una ya célebre «tablita», imponía mayores retenciones, que afectaron a un amplio segmento de los trabajadores en relación de dependencia.

Siete paros generales dispuestos por un sindicalismo cada vez más combativo, que ya tenía al camionero Hugo Moyano entre sus principales referentes, minaron la fortaleza del Gobierno. La difícil situación de la economía, que se negaba a arrancar, hizo el resto.

En marzo de 2001, se produjo la renuncia de Machinea y De la Rúa recurrió para reemplazarlo a su entonces ministro de Defensa, Ricardo López Murphy, quien proponía un ajuste ortodoxo para bajar el gasto público y alcanzar el equilibrio fiscal. Pero sus proyectos provocaron una feroz resistencia en el sindicalismo y en sectores juveniles y universitarios, que entendían que se buscaba achicar el financiamiento público de las universidades nacionales, algo que siempre fue desmentido por el flamante titular del Palacio de Hacienda, quien debió renunciar apenas 16 días después de asumir esas funciones.

En medio de la desesperación, De la Rúa recurrió a un adversario para que domara la economía: Domingo Cavallo. Este llegó con respaldo de buena parte de la oposición peronista y del propio «Chacho» Alvarez, pero sin mayor apoyo en el radicalismo, especialmente en el sector liderado por Alfonsín. El ex ministro de Economía de Menem buscó llevar confianza y proyectó de entrada un crecimiento de la economía del 5% a través de rebajas de impuestos distorsivos y planes de competitividad para el sector productivo, junto a una cuestionada delegación de facultades del Poder Legislativo en el Ejecutivo: los conocidos «superpoderes».

Los mercados y el FMI, sin embargo, no reaccionaron positivamente. Cavallo entonces presentó el plan «Déficit cero», junto a un nuevo recorte de gastos en el Estado. Se inició, además, una reestructuración de compromisos de la deuda externa, llamada «megacanje». Pero hacia fines de noviembre de 2001, los retiros de depósitos bancarios se profundizaron, provocándose una corrida bancaria y cambiaria. Para intentar frenarla, Cavallo impuso restricciones al retiro de dinero en efectivo de los bancos, lo que aumentó la desconfianza general y el desagrado en una gran parte de la población que no estaba para nada acostumbrada a manejarse con tarjetas de débito o con transferencias electrónicas. Las colas en las entidades bancarias se hicieron interminables. Estaba en marcha el llamado «corralito» bancario.

Paralelamente, la situación social comenzó a agravarse y la violencia callejera se volvió incontrolable. Los saqueos de supermercados, incentivados por sectores del peronismo y de la izquierda que buscaban algo más que el debilitamiento del gobierno, pusieron en vilo a la ciudadanía. El 19 de diciembre de 2001, De la Rúa decretó el Estado de Sitio, hecho que desató aún más rebeliones callejeras, en las que confluyeron los sectores más sumergidos de la población, afectados por la recesión y la falta de dinero en efectivo, y los sectores medios, damnificados por la crisis bancaria. Los cacerolazos se hicieron sentir hasta en los barrios más elegantes de la ciudad de Buenos Aires donde dos años atrás De la Rúa había arrasado en las urnas.

Sin el apoyo de su propio partido político, De la Rúa presentó su renuncia al Congreso a las 19.45 del 20 de diciembre, luego de que los enfrentamientos entre manifestantes y efectivos policiales dejaran un saldo de 27 muertos y unos 2000 heridos.

La partida del primer mandatario de la Casa Rosada en un helicóptero quedaría grabada para siempre, como símbolo de un síndrome argentino, por el cual hasta hoy ningún presidente argentino de signo no peronista elegido por el pueblo ha podido concluir su mandato legal desde la existencia del peronismo en la vida política nacional.

Velatorio en el Congreso Nacional

Tras habilitarse, a media tarde, el ingreso al Congreso para despedir a quien fue jefe de Estado entre 1999 y 2001, jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 1995 y 1995, tres veces senador y en una ocasión diputado nacional, centenares de personas desfilaron ante el féretro con los restos de De la Rúa.

El presidente Mauricio Macri, la vicepresidente Gabriela Michetti, varios ministros y una nutrida concurrencia de dirigentes políticos y público asistieron esta tarde al velatorio de Estado del ex primer mandatario Fernando De la Rúa, en el salón de los Pasos Perdidos del Congreso de la Nación.

Macri fue el primero en concurrir junto a su esposa Juliana Awada y estuvo unos diez minutos acompañando a la viuda de De la Rúa, Inés Pertiné, y sus tres hijos y Agustina, Antonio y Fernando “Aíto”.

Entre las personas que asistieron estuvieron jefe de Gabinete, Marcos Peña; los ministros Rogelio Frigerio (Interior), Jorge Faurie (Canciller), Oscar Aguad (Defensa) y Patricia Bullrich (Seguridad), el secretario general de la Presidencia, Fernando De Andreis; y varios funcionarios del gobierno nacional de De la Rúa.

Los dirigentes históricos de la Unión Cívica Radical (UCR), fuerza política que llegó al poder en 1983 y que a su vez fue miembro mayoritario de la Alianza que gobernó en 1999-2001, se hizo presente en el Salón de los Pasos Perdidos.

Estuvieron, entre otros, Enrique “Coti” Nosiglia, Nicolás Gallo, José Horacio Jaunarena, Adalberto Rodríguez Giavarini, Jorge Vanossi, Ricardo Gil Lavedra, Chrystian Colombo, Héctor Lombardo, Rafael Pascual, Jesús Rodríguez, el exintendente metropolitano Facundo Suárez Lastra; el actual vicegobernador de Buenos Aires, Daniel Salvador y el secretario de Gobierno de la provincia de Buenos Aires Fabián Perechodnik.

Además, saludaron a los familiares y le dieron el último adiós a quien fue compañero de fórmula presidencial de Ricardo Balbín en 1973, el presidente provisional del Senado Federico Pinedo, los senadores Luis Naidenoff, Esteban Bullrich y Julio Martínez; el excandidato presidencial y exgobernador y exsenador de Río Negro, Horacio Massaccesi.

También se movilizaron hasta el Palacio Legislativo el diputado Mario Negri, la ex vicegobernadora bonaerense Elva Roulet; el exvocero del presidente Raúl Alfonsín, José Ignacio López; el actor Luis Brandoni; el extitular del Banco Central, Javier González Fraga; los exlegisladores peronistas Eduardo Menem, Oraldo Britos, Ricardo Branda y Luis Uriondo; las dirigentes María Cristina Guzmán y Beatriz Nofal y consultores como Enrique Zuleta Puceiro.

Declaraciones

Fernández Meijide destacó especialmente la gestión de Fernando de la Rúa como primer jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, al señalar que «lo hizo muy bien», y recordó su gestión como presidente de la Nación «en un momento muy difícil para la Argentina».

Dijo que De la Rúa atravesó fuertes crisis políticas durante su gobierno y estimó que «sufría el ejercicio del poder», al recordar que debió afrontar la renuncia del vicepresidente Carlos Chacho Álvarez y la denuncia de los sobornos por la reforma laboral en el Senado. «Por su temperamento, se frustró mucho y lo toleró menos, porque la realidad era objetivamente muy dura», señaló Graciela Fernández Meijide.

«Estoy conmovido y lo tomé con sorpresa», dijo Duhalde sobre el fallecimiento de De la Rúa, tras lo cual apuntó que «si gobernó bien o mal, son cosas sobre las que uno tiene su opinión, pero nadie puede discutir que fue un hombre honesto».

Al respecto, recordó que en su momento respaldó al ex presidente de la Alianza durante el proceso judicial en su contra por el caso del supuesto pago de coimas en el Senado para la aprobación de una reforma laboral.

«Lo llevaron a juicio equivocadamente. Tengo la seguridad de su honestidad, y lo demás ya pasó», subrayó Duhalde en declaraciones realizadas en la tarde de ayer al canal TN.

Inhumación.

Poco después de la hora 20 de ayer, partió desde el Congreso Nacional, el cortejo fúnebre transportando los resto del expresidente de la Nación, el Radical Fernando De La Rua, con destino a la sala velatoria O’Higgins, en el barrio de Núñez, donde quedará en guarda hasta mañana.

Desde allí, a las 11, saldrá el cortejo al Parque Memorial, en Pilar, para su inhumación

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