La mediática cosechó más de 280 mil votos en una elección excepcional que la ubicó como la tercera fuerza de Santa Fe, debajo del Frente Progresista y a solo dos puntos del peronismo colando seis diputados provinciales con la posibilidad de ampliar a siete en el escrutinio definitivo.

Su irrupción en la tercer provincia del país confirma el riesgo que enfrenta Macri por el surgimiento de candidatos que representen al voto celeste, muy enojado con el gobierno desde que Marcos Peña impulsara el debate de legalización del aborto, que tuvo que abandonar sobre el final, cuando se dieron cuenta que estaban golpeando a su propia base electoral. Base que hoy podría acompañar a nivel nacional a candidatos nítidamente anti abortistas como el ex militar Juan José Gómez Centurió, que lleva en sus listas a Cintya Hotton, otra destacada militante pro vida.

En el caso de Granata, su exposición pública como panelista en los programas de la tarde y siendo una de las principales referentes de la lucha anti aborto fueron condiciones suficientes para irrumpir en la política santafesina de la mano de los pastores evangélicos e iniciar una carrera en ascenso que promete proyección nacional.

La exitosa performance electoral de Granata lejos de ser un fenómeno aislado se inscribe en un movimiento tan masivo como subterráneo de la política americana desde los Estados Unidos a la Argentina que se expresa en la penetración de las iglesias evangélicas en lugares de poder a través del voto popular.

En el país del norte, los Pentecostales de a poco fueron ganando espacios de representatividad política en los condados y en las legislaturas estaduales y ya son ocho los Estados en los que han logrado dar marcha atrás con la legalización del aborto.

En América Latina, el mejor exponente de esta tendencia es Brasil. El apoyo de los evangélicos fue clave para que el PT accediera a la presidencia en el 2003 y lo mismo para Jair Bolsonaro en las elecciones del año pasado. En Méjico, AMLO es un reconocido practicante del protestantismo y tuvo un apoyo fundamental para su coronación.

Así, las corrientes evangélicas van incidiendo en la política en una marcha sutil pero constante, por izquierda o derecha, con reivindicaciones propias. Una corriente construida sobre sólidas bases populares que no se explican solamente por las creencias religiosas sino que abarcan sentidos de pertenencia y fidelidades sociales.

En Argentina, la discusión por la legalización del aborto impulsada por el gobierno nacional generó las condiciones ideales para que los evangelistas ganaran la calle y tomaran conciencia del poder e influencia popular.

Si el debate en Diputados los tomó por sorpresa, sin capacidad de reacción, les bastó unas pocas semanas para llegar al tratamiento del proyecto en el Senado con un aceitado poder de lobby, sellar una alianza estratégica con la Iglesia católica y generar una impresionante movilización en las calles.

La lista de diputados que encabezó Amalia Granata y sacó 284 mil votos, más del 15 por ciento, sintetizó todo este movimiento. La acompañaron el pastor Walter Ghione y el católico Nicolás Mayoraz y el resto de la nómina continuó con el intercalado de feligreses de los dos credos.

En ocho de los 19 departamentos, la ahora diputada quedó en segundo lugar superando tanto al peronismo como a Cambiemos, dando cuenta de la influencia territorial de sus propuestas.

Fue el caso de Santa Fe capital, el centro administrativo de la provincia y segunda ciudad en importancia, donde la lista de Granata superó el 19% ganándole al peronista Leandro Busatto mientras que en Rosario, donde los pañuelos verdes se hacen oír, quedó cuarta pero se llevó 73 mil votos y su fuerza metió un concejal.

Por ahora, allegados a la flamante diputada afirmaron a La Política Online que su principal objetivo es trabajar en la Legislatura provincial absteniéndose de participar en las elecciones nacionales. Ofertas hubieron y a montones.

Sin embargo, reconocieron que dentro de dos años, en el 2021, Granata tendría pensado saltar a la contienda nacional y no descartan que busque una banca en el Senado de la Nación.

La paradoja es que a pesar de ser una propuesta conservadora de derecha, el triunfo de Granata puede convertirse en un dolor de cabeza para la reelección de Mauricio Macri. Si el 22 de este mes se concreta la candidatura a presidente de Gómez Centurión enarbolando la bandera pro vida, podría obtener puntos vitales que en el 2015 apostaron por Cambiemos.

La incorporación como compañero de fórmula de Pichetto, quien votó a favor de la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en la histórica jornada en el Senado, generó una campaña en las redes sociales para que los pro-vida no voten a candidatos de pañuelo verde. Un slogan que por ahora se muestra tímidamente.